Conozcamos Badalona, un poquito de historia.

Los primeros asentamientos íberos y layetanos en Badalona datan de año 3500 a.c. Es sobre algunos de ellos donde los romanos se asentaron años más tarde fundando la ciudad de Baetulo en el siglo II a.c.

Actualmente Badalona es una de las grandes ciudades de Cataluña y tiene una población que supera los 200.000 habitantes.

¿Qué podemos ver en Badalona?

1. Pont del petroli

Puente creado en 1965 por CAMPSA y servía para descargar productos petroliferos a unos depositos situados a pie de mar. Debido a que los grandes cargueros no podían acercarse a la costa, idearon este puente de 250 metros para facilitar la operación.

2. Fábrica de Anís del Mono.

Fundada en 1868 por los hermanos Josep y Vicenç Bosch Grau y comprada por Osborne en 1975 es la empresa lider indiscutible de la venta de anís. Tiene muchas anécdotas pero sólo nombraremos la que le da el nombre a la marca. Se dice que con un cargamento proveniente de América vino un mono como polizón y los trabajadores lo adoptaron en la fábrica. Se dice incluso que llegó a morder al hijo del jefe de planta. Hoy en día el mono es la imagen de la marca, un mono con la cara de Darwin para burlarse de sus teorías a causa del caracter deboto de los hermanos. Las entradas para visitar la fábrica se deberán sacar en el museo, el precio son 6€ y la visita se realizará el tercer domingo de cada mes. Te dejo este enlace para que puedas hacer tu reserva, ¡Vale la pena!

3. Paseo marítimo.

Hasta hace pocos años, las zonas peatonales más agradables de Badalona eran el Carrer del Mar y La Rambla. El Carrer del Mar, que discurre en perpendicular a la costa, es una animada calle comercial donde se concentra buena parte de la actividad de la ciudad. Esta calle desemboca en La Rambla, paralela al mar. Aunque está separada de la playa por las vías férreas, esta ancha avenida, con sus palmeras y sus terrazas, sigue siendo lugar habitual de largos paseos y tertulias a la fresca. Pues bien, desde 2012, al sur de La Rambla se puede disfrutar también del renovado Paseo Marítimo, que supuso un radical lavado de cara a la antigua zona industrial, donde se encuentran el mencionado Pont del Petroli y la fábrica de Anís del Mono. Digamos que Badalona tiene ahora muchos kilómetros para disfrutar del litoral.

4. Parc de Can Solei i Ca l’Arnús.

El parque de Can Solei y Ca l’Arnús, al sureste de la ciudad, ocupa la parte alta del barrio de Casagemes y es un importante pulmón verde, muy próximo al centro de Badalona. Es un lugar único en la ciudad por sus edificaciones singulares, por el mantenimiento de la estructura agrícola tradicional, por la belleza de sus jardines y por la riqueza vegetal y faunística que alberga.

5. Museo de Badalona.

Un espectacular paseo por la Baetulo romana, más de 3400 metros cuadrados de ruinas dela antigua ciudad. Un intenso viaje en el tiempo que te hará sentir en tus carnes lo que era vivir en la antigua Roma.

6. Sant Jeroni de la Murtra

El monasterio de San Jeroni de la Murtra  es un antiguo cenobio de la Orden Jerónima construido en estilo gótico a principios del siglo XV. Se emplaza en el entorno natural de la Sierra de la Marina. Aunque exclaustrado, San Jerónimo de la Murtra presenta en la actualidad una importante actividad religiosa y secular. Así, es la sede del Ámbito de reposo religioso y cultural Francesca Güell, asociación que contribuyó a la restauración de los edificios. También tienen aquí sus sedes e instalaciones la asociación cultural Universitas Albertiana y la Fundación Cataluña-América San Jerónimo de la Murtra, que ha acondicionado las salas Ramon Pañé para usos museísticos y culturales. Existe asimismo una Asociación de amigos del Monasterio de San Jerónimo de la Murtra.

7. Barrio Dalt de la Vila.

Las estrechas e irregulares callejuelas medievales de este barrio recuerdan a las medinas árabes, en las que perderse resulta un auténtico placer. Así que os recomendamos que os dejéis llevar por vuestros zapatos. No perdáis detalle de los adoquines de las calles, de lo cuidadas que están algunas casitas, ni de la multitud de plantas que asoman en muchos balcones. Intentad, eso sí, que vuestros pies os lleven por el bucólico Carrer Pujol, la empinada Carrer de la Costa o la estrecha Carrer Vilamajor. Aprovechad los bancos que hay en la Plaça de la Constitució para descansar un poco y escuchar cómo los pájaros os hacen sentir en un pueblo y no en el centro de una gran ciudad.