1. El Ayuntamiento.

No puedes irte sin visitar el Ayuntamiento nuevo. Es el edificio más bonito y representativo de la ciudad. Se puede entrar al interior gratis donde hay cuatro maquetas de la ciudad en distintos momentos de su historia. Nos costará 3€ subir hasta la cúpula, pero vale la pena, tomamos un ascensor que va ladeandose a medida que sube para salvar la curvatura de la cúpula, curioso, muy curioso. Desde arriba se puede ver la panorámica de la ciudad en 360º.

2. Lago Maschsee.

Con una animada ribera, este lago es otro imprescindible de la ciudad. Puedes surcar sus aguas a bordo de distintos tipos de embarcaciones o recorrer su orilla,descubrir lo ligados que están los habitantes de Hannover a la naturaleza y al deporte. En verano se celebra allí un famoso festival que durante las dos primeras semanas de agosto convierte el lago en un escenario al aire libre repleto de actividades culturales, musicales, deportivas y culinarias, además de llenar el cielo de fuegos artificiales.

3. Los jardines de Herrenhausenn.

En otoño merece la pena visitar estos jardines, ícono de Hannover, aunque sólo sea por ver lo bucólicos que lucen los alrededores por los que puedes incluso pasear en calesa de caballos.  Para pasar dentro del complejo de los jardines reales ya hay que pagar entrada y así podrás acceder a un entramado impecable de parterres, esculturas y fuentes que conforman el Grobe Garte, el Gran Jardin, uno de los jardines barrocos más importantes de toda Europa. Además el complejo incluye un jardín botánico y otro de estilo paisajístico inglés.

Pero si hay un rincón que contrasta con el apacible laberinto geométrico de hierba y flores es la gruta de la artista francesa Niki de Saint Phalle, donde los cristales juguetean con colores y formas imposibles para ofrecer un surrealista caleidoscopio de emociones al visitante.